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Sombras, ambigüedades, dramas
Diario de Poesía, abril de 2003

Amelia Rosselli nació en París en 1930, hija de Marion Cave y Carlo Rosselli, que fue asesinado en 1937 junto con su hermano en un atentado organizado por los servicios secretos fascistas. En 1940 se trasladó con su madre y sus hermanos a Londres y luego a los Estados Unidos. Estudió en Nueva York. A los 16 años viajó a Italia y transcurrió algunos meses en Florencia, pero después eligió volver a Londres, donde comenzó a estudiar música y composición. En 1948 volvió a Florencia, y allí tomó conocimiento de la muerte de su madre, que había quedado en Londres. Consiguió trabajo como traductora y se mudó a Roma. Allí se dedicó al estudio (literatura, filosofía, matemática) y a la investigación musicológica, publicando ensayos en las revistas "Il Verri", "Diapason" y "Civiltà delle macchine". Entretanto escribió poesías —entre las que se cuentan La libélula, escrito en 1958, pero que ella misma publicará recién en 1983. En 1963 Pier Paolo Pasolini presentó algunas poesías suyas en la revista "Il Menabò". Al año siguiente apareció, editado por Garzanti, su primer libro de poesías: Variaciones bélicas, al que seguirán Serie hospitalaria (Il Saggiatore, 1969), Documento 1966-1973 (Garzanti, 1976), Apuntes dispersos y perdidos 1966-1977 (Aelia Laelia, 1983), Diario obtuso 1954-1968 (Ibn, 1990) y Sleep. Poesías en inglés (Garzanti, 1992). En el curso de los años 60 se acercó a los ambientes neovanguardistas. En 1979 curó el "Epistolario familiar" de su padre, en 1980 realizó para la editorial Guanda una antología de sus propios Primeros escritos 1952-1963, en 1981 publicó el poema Impromptu (Edizioni San Marco dei Giustiniani) y en 1987, para Garzanti, una Antología poética. Se suicidó en 1996.
En 1966, preconizando el fin de la vanguardia Pier Paolo Pasolini apuntaba sus críticas a la poética de Edoardo Sanguineti, subrayando que el predominio de la metonimia sobre la metáfora, inducido por un verso largo que pretende alcanzar los momentos culminantes fuera de las palabras, terminaba convirtiendo a la obra del poeta en algo "sin sombras, sin ambigüedades y sin drama, como sucede con los formularios impersonales o los textos académicos". (Hoy puede leerse una ejecución de esta poética como la condición preliminar de la vanguardia practicada por el último Pasolini, es decir, de Teorema a Petróleo, que implicaba una fuerte relación entre la figura existencial del autor y sus técnicas compositivas. La muerte del propio Pasolini y el suicidio de Amelia Rosselli confirman que dicha relación parece tener como punto culminante una muerte trágica).
La poesía de Amelia Rosselli es tal vez la experiencia más radical de la literatura italiana de posguerra. La referencia más inmediata es naturalmente su texto Espacios métricos (publicado en noviembre de 2001 por la revista "Hablar de poesía"), del que se podrían citar muchas frases ejemplares, como aquella en la que Rosselli explica que escribir poesía equivale a "observar toda la materialidad externa con la mayor minuciosidad posible en un inmediato lapso experimental de tiempo y espacio".
En una entrevista concedida a Mariella Bettarini (realizada el 10 de diciembre de 1979 y aparecida al año siguiente en el volumen ¿Quién es el poeta? Entrevistas a 33 poetas, publicado por Edizioni Gammalibri, de Milán) Amelia Rosselli se refiere a la relación entre escritura y biografía, entre hombre, mujer y poesía, entre individuo y poeta. "El gran defecto de la literatura femenina de hoy —responde Rosselli— es la de ser orgullosa. Es el pecado número uno del feminismo literario. [...] No pueden salir de su vida privada. Si no denuncian al hombre, denuncian la infelicidad de la vida. [...] Si no subliman, no existen. [...] El problema más grande es salirse del yo, e incluso salir de la relación con el público italiano, cómo alcanzar al menos una objetivación, cómo salir de sí mismas. Nadie tiene ganas de escribir sobre sí mismo, salvo transfigurando la experiencia y ocultándose todo lo que sea posible, evitando incluso la palabra 'yo'. A menudo yo me he encontrado con el problema de tener que evitar la palabra 'tú'. Su una habla del 'tú' en una poesía, si una le habla su amor, a su compañero o a su compañera, la relación se da de a dos, por lo tanto no necesariamente tiene que publicarse, mejor dicho, no debe publicarse. Si la relación se vuelve plural se puede hablar de un discurso y de un público; si no es plural, da igual escribir o no."
Es imposible afirmar que en Amelia Rosselli el poema nace por proliferación de una intuición lírica primigenia, o si semejante acumulación de redundancias sirve (le sirve) para poner en evidencia alguna verdad lacerante. En la "lúgubre monotonía" de La libélula (la expresión es de Pier Vincenzo Mengaldo) se da una especie de simultaneidad y ubicuidad que termina aboliendo cualquier límite entre interior y exterior, entre público y privado. Los modelos de esta incontinencia temática y métrica existen y ya fueron largamente analizadas: Rimbaud, Dino Campana, Montale, y también, más discutida, la obvia referencia al automatismo surrealista, siempre negada por Rosselli. A pesar de la imitación a veces explícita y la cita oculta y literal, esas voces no bastan para explicar su voz, verdaderamente irreducible a la aventura adolescente de las vanguardias históricas de comienzos del siglo XX. El buen sentido crítico, aquel al que la aparente evolución de las poéticas más fácilmente engaña, nos induce a recordar esa larga fase de experimentación plurilingüística que, a caballo entre los años 50 y 60, condujo a la Rosselli a los márgenes del Grupo '63.